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La estrecha relación entre la historia y el séptimo arte anima a llevar a cabo un abanico de actividades que permitan abarcar, de forma novedosa, los contenidos del proyecto curricular de nuestro centro.
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TOMÁS VALERO MARTÍNEZ / Licenciado en Historia |

“A veces las películas nos hablan tanto de la sociedad que las ha realizado como del hecho histórico que intentan evocar” (Pierre Sorlin). A día de hoy, ya nadie pone en duda de que las primeras proyecciones cinematográficas reflejaban hechos cotidianos con los que el espectador se sentía estrechamente identificado, por lo que el cine se erigió desde entonces como testimonio indiscutible de una época. Sin embargo, la proyección de las primeras imágenes en movimiento provocó no poca inquietud, y nada hacía suponer que ese inopinado espectáculo daría paso, más adelante, al nacimiento de un arte, conocido hoy como “séptimo arte”.
Desde que los hermanos Louis y Auguste Lumière presentaran la primera película de la historia del cine, Salida de los obreros de la fábrica Lumière, en el Grand Café de París el 28 de diciembre de 1895, el cine ha evolucionado hasta el punto de discutirse, con mayor o menor acierto, su incorporación en el sistema educativo español, tanto para la enseñanza de la Historia como de otras disciplinas. No en vano, aquella modesta proyección inauguraba la era de la publicidad en el cine, por lo que en la actualidad constituye un documento de primera magnitud. Con respecto al valor histórico que encierra el cine, José María Caparrós Lera señala que “...el film es una fuente instrumental de la ciencia histórica, ya que refleja, mejor o peor, las mentalidades de los hombres de una determinada época. Además (...) las películas pueden ser un medio didáctico para enseñar Historia.” La defensa que sostiene Caparrós Lera en favor de las relaciones entre la historia y el cine deriva de una corriente que ha dado en llamarse Historia contextual del cine, algunos de cuyos máximos representantes son Marc Ferro, Pierre Sorlin, Robert A. Rosenstone, Ángel Luis Hueso o el mismo José Mª Caparrós.
Si bien el profesor Hueso encabezó esa nueva línea de investigación en España, fue Caparrós quien lo puso en práctica al instituir el Centre d’Investigacions Film-Història, centro difusor del estudio de la Historia a través del cine. El primer especialista sobre este nuevo enfoque fue Marc Ferro, perteneciente a la Escuela de los Annales, precursora del estudio de la Historia de las mentalidades. La escuela, además, negará el documento escrito como fuente indiscutible y máxima de conocimiento histórico, lo que acarreará una notable revalorización de otras fuentes de diversa procedencia, y favorecerá, a su vez, la investigación multidisciplinar de la Historia. No es de extrañar, pues, que un historiador perteneciente a esta escuela considerase el uso del cine como documento histórico. Así, el valor didáctico que éste encierra puede contribuir a enriquecer los contenidos de las asignaturas, tanto de Enseñanza Primaria como de Enseñanza Secundaria.
En 1978 se celebró el 1.er Congreso Democrático del Cine Español. A su término se formuló una definición que fue del agrado de muchos docentes: “El cine es un bien cultural, un medio de expresión artística, un hecho de comunicación social, una industria, un objeto de comercio, enseñanza, estudio e investigación”.
De esa declaración se infiere que el cine es parte integrante del patrimonio histórico de un país, y la influencia social que ejerce se debe tener en consideración, ya que puede ser, y ha sido, objeto de manipulación. Y la mejor defensa contra la manipulación es la educación. Lo que se discute no es solo su incorporación al sistema educativo, sino también su finalidad. Así, el cine se concibe como parte consustancial de la asignatura, o lo que es lo mismo, “el cine debe ocupar en los centros docentes el lugar que le corresponde como hecho cultural de primera magnitud, tratando de hacer que desaparezca el carácter que se le ha dado de mero entretenimiento, y resaltando sus valores educativos y culturales. (...) Debe formarse al profesorado capaz de impartir esta enseñanza. Debe dotarse a los centros docentes de los medios y condiciones necesarios para que puedan llevarse a cabo estas enseñanzas”.
Un profesor con profundos conocimientos cinematográficos y dotado de una eficaz habilidad pedagógica, difícilmente podrá conferir a un filme la dimensión histórica que se merece, si no dispone de los recursos necesarios para tal fin. Por lo tanto, procurárselos es tarea de todos. Una vez estén a su alcance, podrá despertar el interés del alumno por el conocimiento histórico. De acuerdo con la sentencia de A. Comte: “saber es prever”. Por tanto, con arreglo a una sólida instrucción y a una rigurosa metodología, se podrá contrarrestar el poder de abstracción, mayor o menor, connatural a la proyección de un filme, descifrar el contenido subyacente del mismo, revelar la idiosincrasia de sus autores, así como de la época a la que pertenecen ellos y su obra final.
Una adecuada definición terminológica nos ayudará a entender el significado de “filme histórico” y a formarnos un criterio sólido para efectuar una selección acertada (de acuerdo con el proyecto curricular de cada centro de enseñanza y de sus correspondientes docentes) de los filmes que se analizarán durante el curso lectivo. Entre las muchas categorizaciones que se pueden establecer, expondremos la siguiente:
1. Reconstrucción histórica: filmes basados en personajes y hechos documentados históricamente.
2. Biografía histórica: filmes que desarrollan la vida de individuos relevantes y la relación con su entorno.
3. Película de época, donde el referente histórico es anecdótico, es decir, un pretexto sobre la base del cual se desarrolla el argumento del filme.
4. Ficción histórica: filmes con un argumento inventado que posee una verdad histórica en su fondo.
5. Películas sobre mitos.
6. Películas etnográficas.
7. Adaptaciones literarias y teatrales.
El dominio del lenguaje cinematográfico y el conocimiento exhaustivo del concepto “polisémico” de filme histórico, permitirá al docente, ahora sí, efectuar una selección filmográfica definitiva, aunque susceptible de modificarse o complementarse con otros que guarden una estrecha relación con el período histórico tratado en cada momento. Ahora bien, aun teniendo en cuenta todo lo expuesto en los párrafos precedentes, para evitar equívocos, se hace necesario, además, formularse una batería de preguntas tales como:
- ¿Qué filmes elegir?
- ¿Cómo aplicarlos en clase?
- ¿Con qué propósito?
- ¿A quiénes van dirigidos?
Con relación a la primera de ellas, se han formulado multitud de propuestas (véanse bibliografía y webgrafía). Ahora bien, el docente contará con una filmografía previamente seleccionada de acuerdo al período histórico que esté explicando en ese momento (insistimos, sin desviarse del programa), a la que, como hemos señalado antes, se podrá asociar una filmografía específica que trate de temas secundarios. El fin último no es tanto completar el programa del curso, sino satisfacer las necesidades educativas del discente, por lo que siempre y en todo momento el docente deberá contar con un número determinado de películas complementarias a las que pueda recurrir en el caso de no cumplir con sus expectativas, por falta de tiempo.
Así y todo, hay que tener en cuenta, como se ha señalado al inicio, todos los problemas organizativos que pueden causar la falta de medios, o la incorrecta administración del tiempo disponible para la proyección de la película. En la actualidad, no obstante, un centro docente puede dotarse de un reproductor, y visualizar un filme a través de un proyector o de un monitor convencional. Una vez dispuestos los medios adecuados, el profesor cuenta con múltiples propuestas metodológicas. La profesora Alicia Salvador enumera tres de ellas:
1. Proyección íntegra de la película a la totalidad de los estudiantes.
2. Proyección de una selección de secuencias de una película.
3. Particularización e individualización de la visualización de la película.
En el primer caso, el mayor inconveniente es la falta de tiempo, pues una película difícilmente puede proyectarse en una sola sesión. Para solucionar ese obstáculo, basta con proyectar una secuencia introductoria, o bien, “durante el tratamiento de un bloque temático”. Ahora bien, proyectar una película como colofón, tal y como apunta Marañón, entraña un riesgo: la dispersión que una actividad subsidiaria puede infundir en el alumno. La web CineHistoria.com, por su parte, baraja la posibilidad de trabajar con grupos reducidos de alumnos las secuencias más significativas de un filme, siempre y cuando estas mantengan una estrecha relación con la lección en curso. Se tratarán, en especial, todas aquellas secuencias que evoquen un hecho histórico concreto. Por supuesto que el alumnado en pleno dispondrá de un esquema de trabajo para el comentario inicial, que comprenderá, de forma general, los siguientes apartados:
- La ficha técnico-artística: el alumno puede obtener los datos para completarla recurriendo a los títulos de crédito, a carteles o a los artículos cinematográficos publicados en cualquier medio de comunicación.
- Una introducción: sirve de excusa para analizar la génesis del filme, lo que conlleva un sucinto comentario sobre el director y su obra, así como las motivaciones que le han animado a rodarlo; y sobre las características histórico-cinematográficas más importantes de la película.
- Una sinopsis: la sinopsis (que puede ser secuencial) nos sitúa en la trama de la obra. Aquí se podría subrayar la importancia que adquiere cada uno de los personajes del reparto durante el transcurso del filme.
- Un comentario histórico: el comentario histórico se puede aprovechar para hacer un profundo análisis de las circunstancias del rodaje, así como del momento al que se remonta la historia “diegética”. Llegados a este punto, se revelará la mentalidad de sus autores y de la sociedad de su época; y la finalidad última de la obra. Esta reflexión, además, puede determinar el grado de adaptación del filme a otras disciplinas de la enseñanza.
La elaboración de un cuestionario pondrá a disposición del discente las pautas necesarias para el trabajo pormenorizado del filme, circunscribiéndose al período histórico a tratar. Esta propuesta metodológica permitirá al alumno perfeccionar sus nociones de Historia, más allá de lo meramente aprehendido en la sala de proyección.
• Bibliografía y otros recursos |
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