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1/8/2010
 
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En la cueva de la loba Luperca
Óscar Perea Rodríguez, Universidad de Arkansas
El reciente descubrimiento de la supuesta cueva donde Rómulo y Remo fueron amamantados por la loba Luperca ha supuesto una gran conmoción entre los arqueólogos, quienes encuentran en el hallazgo una excitante fuente de especulación histórica.

A finales de noviembre de 2007, el ministro de Cultura italiano, Francesco Rutelli, dio a conocer al mundo un espectacular descubrimiento arqueológico: el hallazgo en la capital transalpina de la supuesta cueva donde una loba habría amamantado a los gemelos fundadores de Roma, Rómulo y Remo, cuando éstos fueron abandonados por su madre, Rea Silvia, hija de Amulio, rey de Alba Longa.

Una leyenda milenaria

Según la tradición legendaria de la fundación de Roma, el traidor Numitor, hermano de Amulio, desterró a éste y ordenó el asesinato de todos sus descendientes varones. La única hija de Amulio, Rea Silvia, fue perdonada a cambio de que profesase el culto de Vesta, por el cual estaba obligado a hacer voto de castidad. Sin embargo, la belleza de la vestal Rea Silvia sedujo al mismísimo dios Marte, que la poseyó mientras ésta dormía. El fruto de esta unión fueron Rómulo y Remo, quienes, por orden de Amulio y para castigar la desobediencia de su madre, fueron abandonados dentro de una cesta en el río Tíber para que muriesen ahogados.

Sin embargo, el instinto animal cambió su destino: una loba escuchó llorar a los bebés en la cesta y los rescató del río para nutrirlos con leche maternal como si fueran sus propios lobeznos. Algún tiempo más tarde, un pastor llamado Fáustulo los encontró y junto a su mujer, Laurentia, los crió hasta que fueron mayores y se vengaron de Amulio, a quien ambos asesinaron.

Tras ello, los hermanos comenzaron a marcar los ejes de una ciudad (el cardus y el decumanus) con un arado, como era entonces costumbre. Para ponerla nombre, los gemelos decidieron una singular competición: aquel que viese más pájaros en el cielo durante un período de tiempo determinado llamaría con su nombre a la ciudad. Rómulo ganó la lid y comenzó a marcar el perímetro de Roma, jurando que mataría a todo aquel que penetrase en los límites sin su permiso previo. Su hermano Remo, ofuscado por haber perdido tan peculiar concurso alado, borró por despecho la zanja cavada por su hermano y entró a propósito en los límites, con lo que a Rómulo no le quedó más remedio que cumplir su juramento y matarlo.



Según los cálculos de algunos historiadores de la Antigüedad Clásica, como Plutarco y Tito Livio, esto sucedió el 21 de abril del año 753 antes de Cristo, la famosa fecha de la fundación de Roma, es decir, ab Urbe Condita, tomado como punto de referencia para la calendación romana. Todas las fechas oficiales del Imperio romano hacen referencia a este momento, el año cero de la civilización florecida en el Lazio, verdadero momento de inflexión de la humanidad pues de esa pequeña ciudad surgió uno de los más esplendorosos imperios de su historia.

El hallazgo y sus lecturas

Esta universal y conocida leyenda debió de agitar perturbadoramente a los arqueólogos que, mientras realizaban unas obras rutinarias en el Palatino (una de las siete colinas de la primitiva ciudad de Roma), encontraron una gruta de más de siete metros de altura y casi seis y medio de diámetro. La decoración de la sima, con un mosaico aconchado de modesta factura pero de gran apariencia, sugirió una hipótesis que, aunque todavía por explicar en sentido científico, señala directamente que la cueva es nada menos que el famoso Lupercal, el lugar donde la loba, llamada Luperca por los latinos, amamantó con su leche a los pequeños gemelos.

El insólito descubrimiento tiene varias lecturas, todas ellas sumamente interesantes. En primer lugar, independientemente de que la historia de la loba sea cierta o no, desde luego en la época del Imperio romano era tenida por verdadera: en honor de Luperca se celebraban los Lupercalia el 15 de febrero de cada año, en un lugar que hasta hoy no había sido identificado, por lo que bien pudiera tratarse de la gruta recientemente descubierta.

Al principio, los lupercales estaban protagonizados por jóvenes romanos que habían pasado un rito iniciático de sobrevivir varios días en el bosque (tal como hicieron Rómulo y Remo). Más tarde, se convirtieron en una celebración de la fertilidad, relacionándose con el rapto de las sabinas y la unión entre hombres romanos y mujeres sabinas. Por esta razón, en los lupercales los hombres esgrimían tiras de cuero para azotar jocosamente (con cierto sentido fálico) a los transeúntes, mientras que las mujeres hacían procesiones con velas para pedir fertilidad a Luperca. Ambos ritos están muy relacionados con dos festividades cristianas, ya que el cristianismo (como el resto de religiones) adaptó muchas celebraciones paganas para ganar adeptos. Así, por orden del papa Gelasio I en el año 494, los lupercales pasaron a conmemorarse no el 15 de febrero, sino un día antes: el 14 de febrero, que debe su todavía hoy universal característica de ser el Día de los Enamorados no a su patrón cristiano, San Valentín, sino a esta fiesta pagana subyacente.

Por otro lado, la procesión de velas para implorar fertilidad pasó al 2 de febrero: el día de la Candelaria, en la que el culto cristiano celebra con idéntica procesión cérea los primeros cuarenta días de la venida al mundo de la luz de naciones, es decir, de Jesucristo.

El otro lado de la leyenda

Otra lectura, y muy sugerente, de la cueva de Luperca es aquella que cambia el sentido de la leyenda para interpretarla en sentido simbólico. Ya desde antaño, algunos atisbaron que Luperca no era estrictamente una loba, pues, con el término latino de lupa también se designaba en la época romana a las prostitutas. La palabra latina lupanar no se refería a una madriguera de hembras de lobo, sino que ya poseía el mismo sentido que actualmente tiene: prostíbulo, casa de citas.

Ahora bien, en sentido más humano, la leyenda es más lógica: tiene bastante más razón de ser que fuese una prostituta la que se encargase de dos bebés abandonados. Curiosamente, esta tradición está asimismo presente en España y también relacionada con la Iglesia. Según el Codex Calixtinus conservado en la catedral de Santiago de Compostela, cuando Santiago Apóstol llegó a Galicia fue honrado por una matrona que gobernaba la región: la reina Lupa. De nuevo, esta reina Lupa puede ser interpretada como una prostituta que dio su cobijo al viajero apostólico.



Por otro lado, a pesar de que muchos de los elementos de la leyenda de Rómulo y Remo están prácticamente calcados en otros mitos y creencias (desde el rey Arturo a Caín y a Abel, pasando por el bíblico José), un rey hispano de la Edad Media presenta una historia increíblemente parecida a la de los gemelos latinos. La leyenda, vigente durante toda la Edad Media, decía que Sancho Garcés II, rey de Navarra entre los años 970 y 994, salió de las entrañas de su fallecida madre, doña Urraca, asesinada junto a su padre, García Sánchez I, porque la violencia del ataque de los musulmanes hizo a ésta adelantar el parto. El pequeño sobrevivió algún tiempo en el bosque, cuidado por las alimañas, hasta que lo encontró Ladrón de Guevara, un criado del fallecido monarca, quien lo recogió y se lo entregó a unos pastores. Quince años más tarde, cuando aragoneses y navarros se unieron en Jaca para elegir a su rey, aquel muchacho agreste y montaraz, calzado con la típica sandalia pastoril, la abarca (llamado por ello Sancho Abarca), fue señalado por Ladrón de Guevara como el hijo del fallecido rey, por lo que inmediatamente se alzó como nuevo monarca ante la aquiescencia de todos.

Por lo expresado hasta aquí, se puede deducir que mitos y leyendas han contribuido al desarrollo de la humanidad de muchas formas, e incluso se han mezclado para formar algunos ejemplos realmente hermosos, en sentido literario y artístico. Por ello, el descubrimiento de la supuesta guarida romana de la loba capitolina es interesante para certificar cómo en cada pequeña acción de la actividad humana es posible encontrar un hilo del que, llevado hacia atrás, nos puede demostrar cuán lejanas raíces pueden tener algunas de nuestras celebraciones y tradiciones más cotidianas.

Más información

• Página del Ministerio de Cultura italiano, con fotos del yacimiento (en italiano).
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