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(Jun. 01) Violencia en nuestras escuelas Aurora Campuzano. Experta en educación |
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El Defensor del Pueblo acaba de hacer público un informe sobre violencia escolar. Los datos, sin ser alarmantes, bien merecen una llamada de atención: el 30 por ciento de los alumnos declara sufrir agresiones verbales con relativa frecuencia, un 9 por ciento sufre amenazas y más de un 45 sufre agresiones físicas directas.

El Informe del Defensor del Pueblo no hace sino constatar un fenómeno que empieza a ser preocupante en nuestras escuelas. La violencia escolar ya no nos queda tan lejana, aunque no dejen de sorprendernos las llamativas escenas de la televisión americana, con alumnos desfilando a las puertas del centro, ante exhaustivos controles de seguridad. Aquí las cosas, de momento, no llegan a ese extremo, pero son suficientemente preocupantes como para llevar a la calle a un millar de profesores para pedir mayor seguridad en las aulas. La manifestación se produjo hace poco más de dos meses en la ciudad de Málaga.
¿Qué tipo de violencia?
El objetivo del estudio era conocer qué tipo de actos violentos se producen en nuestras escuelas y centrarse en aquéllos que tienen como actores o víctimas a los estudiantes. Se consultó a 3000 alumnos de enseñanza secundaria de 300 centros docentes públicos, privados y concertados y a sus respectivos jefes de estudio.
Los resultados han detectado qué tipo de violencia se produce en nuestros centros, una violencia que, afortunadamente, no se basa en agresiones físicas directas o en el uso de armas: “Hemos comprobado que el mayor número de abusos se produce por ataques verbales y exclusión social, seguidos de agresiones físicas indirectas, intimidaciones, agresiones físicas directas y, en mucha menor medida, por acoso sexual o amenazas con armas”, señala el Defensor del Pueblo. Es decir, que el tipo de violencia que impera en nuestras escuelas tiene bajo calibre, lo que no significa que sus autores sean “angelitos del cielo”, ni que sus víctimas no se vean seriamente afectadas; las agresiones consideradas “menos graves”, particularmente las verbales, pueden generar importantes daños psicológicos para los escolares. Según los expertos “un niño que ejerce la violencia, que la padece o que la presencia, incorpora a su desarrollo una experiencia que le marcará toda la vida”.
¿Quién la ejerce?
La violencia es un fenómeno fundamentalmente masculino. Los chicos agreden y son víctimas de mayor número de agresiones que las chicas. En los datos facilitados por la Oficina del Defensor sólo hay una excepción: la conducta que consiste en “hablar mal de otros”, que es más habitual entre las alumnas.
La edad resulta también ser una variable de suma importancia en las situaciones de violencia. Los alumnos más pequeños, los de primer curso de enseñanza secundaria, son quienes más sufren los abusos por parte de sus compañeros, no sólo de su misma clase, sino también de cursos superiores.
¿A quién piden ayuda?
Teniendo en cuenta que el estudio se centró en alumnos adolescentes la respuesta no presenta grandes dificultades. El 60 por ciento de los alumnos agredidos acuden a sus amigos para dar salida al problema o simplemente consolarse. Los escolares parecen tener dificultades para acudir a los profesores en busca de ayuda; lo cual no debería sorprender, si tenemos en cuenta que tampoco suelen acudir a sus padres ante otro tipo de situaciones difíciles.
Lo que sí es cierto es que la ayuda que proporcionan los profesores supone menos de un tercio de la que proporcionan los iguales. La respuesta más frecuente de los alumnos es que “sólo algunos profesores intervienen para cortar situaciones de maltrato, porque en la mayoría de los casos no se enteran de lo que ocurre”.
Opinión que, como era de esperar, no comparten los profesores consultados, más de trescientos. Cuando éstos evalúan la importancia de los conflictos tienden a considerar que, aunque han aumentado mucho en los últimos tres años, no constituyen uno de los principales problemas del centro. La mayoría reconoce que son frecuentes las agresiones verbales, pero las faltas más graves, como la amenaza o el uso de la fuerza, sólo parecen ser vistas por los alumnos.
Frenar la violencia
“Ni un solo acto de violencia en la escuela debe ser admisible”, afirmaba tajante el Defensor del Pueblo en la presentación del Informe. La premisa iba directamente dirigida a quienes participan en el proceso educativo, pero especialmente a quienes tienen en sus manos la posibilidad de legislar: las autoridades y las administraciones públicas.
Sin embargo, vivimos en un mundo violento y la escuela no es más que un elemento del complejo mecanismo social. Aunque suene a lugar común, la premisa hay que recordarla de vez en cuando. |
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