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1/8/2010
 
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(Ene. 02) Domingo Jiménez Beltrán: ''España está vendiendo su mayor capital, que es el territorio, a precios de saldo''
Juan Fernández. Periodista científico
Entrevista a Domingo Jiménez Beltrán, director de la Agencia Europea del Medio Ambiente.

Tras haber sido Director General de Medio Ambiente en España, en 1994 se convirtió en el primer director de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), con sede en Copenhague. Cuando finalizó su primer mandato de cinco años, el consejo de administración del organismo le renovó en el puesto. Más tarde la EEA presentó un completo y complejo informe, “El medio ambiente en la Unión Europea en el umbral del siglo XXI”, donde se señala el estado de la cuestión, las tendencias y los problemas más preocupantes, entre los que destacan el transporte, la energía o los residuos.

¿Cuál es el cometido para el que se creó la Agencia?
- Se trata de un órgano de información independiente e incluso de vigilancia del sistema político a través del análisis de la eficacia de las políticas. Lo que sí hacemos es analizar si una política funciona o no y, al mismo tiempo, facilitamos los datos para que se modifique. Por ejemplo, hemos dicho que en materia de sustancias químicas no sabemos qué es lo que pasa ahí fuera y que los sistemas de control de las sustancias químicas no protegen al ciudadano.

¿Cómo ha sido recibido el informe?
- He estado en varios países presentándolo y creo que está actuando como un gran revulsivo. Por primera vez la gente ve las piezas del rompecabezas juntas y entonces levanta las dos reacciones, la primera es de un cierto estupor y un cierto pesimismo, al ver cómo está la cosa, pero la segunda es más positiva, porque por primera vez sabemos qué es lo que tenemos, donde están los problemas y que hay que hacer en el futuro.

El informe no es una mera lista; proporciona una visión integral de los problemas.
- Exacto. El problema es que la gente de la prensa sigue todavía en ese síndrome de lo que Manuel Calvo decía “la comunicación oculta la información” y al centrarse en titulares como “Europa será un gran basurero” no crea esa imagen positiva de que al fin tenemos diagnosticado al enfermo y ahora estamos en una fase de cómo transformar todo este estudio es un elemento de base para rediseñar la política ambiental hacia la sostenibilidad.

¿Y eso no implica la política en general?
- Sí, porque si la política ambiental no consigue hacerse acompañar por los sectores económicos entraremos en una fase de ineficacia y contradicciones. Por más que inviertas en tapar agujeros ambientales, las brechas que te abren las políticas económicas son mucho mayores. El problema en la Unión Europea es la inexistencia de políticas comunes sectoriales. ¿Cómo vas a integrar el medio ambiente en la energía si no hay una política común energética? Y lo mismo puede decirse del transporte, del turismo o de la gestión del territorio. La solución al medio ambiente europeo será común e integral o no será. El gran desafío de Europa es que hay una contradicción entre ese mercado interior potentísimo y todas las políticas económicas de acompañamiento, armonización fiscal etc. Hoy la política ambiental es una política de políticas y por eso no puede ser que los ministros de medio ambiente sean los últimos del gabinete; tienen que ser los primeros de la fila, como pasa en Dinamarca, donde el ministro más fuerte es el de Medio Ambiente y Energía.

Pese a todo, usted se muestra optimista.
- Soy optimista porque por primera vez el Consejo Europeo ha tomado el tema en su mano; ya no estamos en una política que viene desde abajo sino desde arriba. El cambio introducido en junio de 1998 con la Iniciativa de Carfiff es tremendo. Allí se estableció que todos los sectores económicos deben rendir cuentas en clave ambiental, a partir de nuevos indicadores y objetivos. Se ha pasado de hablar de criterios económicos, como crecimiento, valor añadido, consumo... a criterios ambientales. Se van a revertir los modelos.

Entre los problemas que afectan a España usted ha destacado el turismo.
- Europa tiene dos zonas contrastadas, el centro, donde se acumulan actividades que producen activos económicos y dan lugar a una gran concentración de euros por hectárea, como ocurre en Holanda, Alemania, etc. Y el sur, donde se da una acumulación de actividades ociosas que no producen activos económicos monetarios, que recibe sesenta millones de turistas que no se dejan los euros, se dejan los residuos. El turista alemán o el belga paga sus impuestos y aporta su valor añadido en su país pero de vacaciones se va a España, y aquí no deja nada, excepto los residuos. Nos están ocupando el espacio, Lanzarote, Mallorca, la costa que está ya toda construida. ¿Quién puede dedicar el terreno a producir naranjas o lo que sea si la alternativa es vender el terreno al turista?






Pero el turismo es una fuente de renta importante para España.
- Sí, pero tienes que cambiar la estructura, generar valores añadidos, no vender el coche para comprar gasolina. España está vendiendo su mayor capital, que es el territorio, a precios de saldo. Ya ha vendido toda la costa.

¿Y eso tiene una fuerte repercusión ambiental?
- Brutal, ya la tienes con todo el turismo que viene al Mediterráneo, y va a aumentar un 50 por 100 en pocos años, pasando de 130 millones a 250. En el turismo, como en otros sectores, no puedes tener un mercado interior sin tener a la vez políticas comunes de acompañamiento de ese mercado.

Una agencia de noticias aseguraba que la Agencia se había declarado “decepcionada” de la presidencia alemana.
- Eso es un error, nos confunden con el Bureau Europeo de Medio Ambiente. Las ONG de toda Europa, como Ecologistas en Acción, tienen una oficina común, presidida por John Hontelez, que ha hecho una evaluación. Nosotros analizamos la situación pero no hacemos política ni comentarios, salvo evaluar las medidas, decir que no está funcionando la estrategia para reducción de gases invernadero, o que las medidas para el reciclaje de los coches viejos van en el buen sentido, pero no estamos para evaluar presidencias. Somos jueces de las políticas pero no de los políticos.

Pero imagino que trabajan estrechamente con la presidencia.
- Por supuesto, buscamos una sincronización para apoyar prioridades políticas pero no para establecerlas. Hay dos temas importantes donde Alemania se ha esforzado en abrir camino, aunque no ha abocado en directivas. Por un lado, el estudio de una estrategia para la sustancias químicas, que fue objeto de un consejo informal y creo que se ha avanzado para pasar de los actuales controles a un sistema más activo de seguimiento y de reducción de la exposición. Y por otro se ha abierto una mecánica en el tema de productos y servicios, hacia una gestión de la demanda más eficaz en el consumo de materiales o de energía. Nuestra sincronización con Alemania ha sido en particular buena en estas dos áreas de futuro. Pero también Finlandia, que tiene a su cargo la presidencia de este semestre, ha abierto enormes perspectivas en temas ambientales. Primero porque es un país que se ha comprometido bastante en perseguir objetivos comunitarios más que nacionales, y segundo, porque es un país con una mentalidad de futuro. En este semestre, la Comisión tiene que presentar su Informe Global sobre el Medio Ambiente y la Agencia concluirá un informe sobre los indicadores ambientales para que puedan compararse con los económicos.

¿Con estos indicadores se trata de homogeneizar los criterios?
- Sí, se repetirán cada año y acompañarán a los económicos. Se trata de saber que si un país aumenta su PIB aumenta también sus emisiones de dióxido de carbono o lo hace con mayor eficacia energética y de materias primas. Si aumenta su parque automovilístico se trata de disponer de indicadores paralelos sobre el uso del vehículo, grado de ocupación, si favorece o no la movilidad y la accesibilidad etc. Son indicadores socio-económico-ambientales. Es como crear un sistema contable o de vigilancia.
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